“Había bebido agua de pozo que estaba contaminada, lo que me provocó el tifus, con temperaturas de 42º de fiebre, que no conseguían bajar. Nadie apostaba porque salvaría mi vida.

Un día que el médico había dicho a mi madre que no podía hacer nada y me iba a morir, me acordé que tenía un libro sobre la biografía de Ismael de Tomelloso “El rojo que tenía el alma blanca”… Comencé a leerlo. En la madrugada, que me encontraba especialmente mal, le dije a Ismael lo siguiente: “Si mañana no tengo fiebre, prometo irte a ver a Zaragoza”. Al día siguiente me desperté mucho mejor, y cuando llegó el médico, pensando que me había muerto, le dije que ya no tenía fiebre. El médico pensó que estaba delirando a causa de la fiebre, y pensaron que estaba muchísimo peor… pero me pusieron el termómetro, y vieron que lo que yo decía era cierto… tenía 36.4 grados de temperatura… No se lo podían creer, decían que era imposible, y lo comprobaron varias veces, hasta que se convencieron de que efectivamente el termómetro marcaba los 36.4 grados… Ya no tenía fiebre, y me encontraba mucho mejor, aunque eso sí, muy débil. Comencé a comer y a recuperarme poco a poco de la debilidad que el tifus había traído a mi cuerpo. El médico no podía creérselo, no podía explicárselo… yo simplemente le dije que era un milagro de mi paisano Ismael de Tomelloso”.

(F.P. Madrid)

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