San Ignacio de Loyola, de Rubens.

Oración “Alma de Cristo” de San Ignacio de Loyola

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh mi buen Jesús, óyeme!

Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me aparte de Ti.

Del maligno enemigo, defiéndeme.

En la hora de mi muerte, llámame.

Y mándame ir a Ti.

Para que con tus santos te alabe

por los siglos de los siglos. Amén.

San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, fue autor del libro Ejercicios espirituales en el que sistematiza las meditaciones que él realizaba fruto de su peregrinar en su búsqueda de Cristo. Los ejercicios espirituales suponen un retiro personal para buscar la verdadera conversión y ahondar en ella. Se puede poner como ejemplo edificante los ejercicios espirituales que realizó el ahora Venerable Ismael de Tomelloso en 1935.

Ante la falta de director espiritual debido al traslado a Socuéllamos de Don Bernabé Huertas, Ismael quería seguir profundizando en la fe, y parecía que los caminos del Señor se le cerraban. “¡Quiero  ser bueno, pero no sé cómo; quiero ser muy bueno, pero no sé cómo hay que serlo!”, se desahogaba Ismael ante las monjas del Asilo San Víctor.

Dios le cierra una puerta, pero le abre una ventana. Es invitado en abril de 1935, junto a Miguel Montañés, a realizar unos ejercicios espirituales en el Seminario de Ciudad Real. Tuvo la dificultad de no tener con qué pagar la cantidad de setenta pesetas para afrontar el viaje, pero privándose de sus gustos y ayudado por la Acción Católica llegó a reunirlas para poder asistir a los ejercicios bajo la dirección del padre José Sánchez Oliva.

            Antiguo Seminario de Ciudad Real donde Ismael de Tomelloso realizó los ejercicios espirituales.

Dentro del Seminario de Ciudad Real se sentía alegre y feliz, alegría y felicidad que contagiaba por doquier, y sus horas libres las pasaba en el Sagrario de rodillas ante el Santísimo.

“¡Qué envidia te tengo, pues los seminaristas sabéis mucho mejor que nosotros lo que hay que hacer para ser buenos…y lo podéis ser tan fácilmente aquí!, le dijo a Rogelio Redondo que en aquel momento era seminarista.

Ismael Molinero Novillo aprovechó los ejercicios espirituales eficazmente. Tanto es así que el padre José Sánchez Oliva se arrodilló a sus pies y con humildad se los besó. El Miércoles Santo terminaron los ejercicios y regresó a Tomelloso con su amigo Miguel Montañés. Al despedirse, dijo a Rogelio:

“¡Qué lástima que se hayan terminado los Ejercicios!”.

Y, riendo, continuó:

“Oye, curilla, a ver si me escribes ¿eh?, porque a lo mejor me meto a cura luego, ¿sabes?”.

Ismael de Tomelloso buscaba ser totalmente de Dios y cumplir Su voluntad, y estos ejercicios espirituales le marcaron espiritualmente para acabar llevando sus virtudes al grado heroico.

Aprovechemos estos días de verano para el descanso, pero también para en el caso de que así fuera posible realizar ejercicios espirituales que nos acerquen a la senda que tomó el Venerable Ismael de Tomelloso.

Nota. La información relativa al Venerable Ismael ha sido obtenida de la biografía “In Silentio”, de Don Blas Camacho Zancada.